Brutalidad espiritual, rock trascendental
La obra de Nacho Vegas está repleta de hitos, de aventuras musicales arriesgadas, de valentía artística, pero sobre todo de canciones sinceras, de brutalidad espiritual, de tragedia inmisericorde, de relatos extraños y oscuros, de nostalgia, de detalles vitales, de agonía, de supervivencia, de humor, de amor, de pasión, de sexo, de venganza, de resignación, de vida, de muerte, de drogas, de símbolos, de humor, de literatura… qué demonios, de rock, puro rock trascendental.
La vida de este asturiano (Gijón “Norteña” como así la llama él, diciembre del 74) está marcada por los designios de un destino que lo hará eterno, la música. Para un servidor, el mayor creador musical que ha dado este jodido país. Ni que decir tiene que la admiración que produce en uno las escucha de su música solapa cualquier crítica más o menos imparcial. Así que no solicito comprensión… Siempre he creído que cuando uno escribe sobre el arte debe manifestarse, mojarse es la expresión que utilizaría. Y he aquí la manifestación de respeto e idolatría que me merece uno de los máximos representantes de la profesión de GENIO.
NV comenzó sus andanzas en esto allá por los años 90, con Eliminator Jr., su primera banda. Eran tiempos enquistados, con un panorama musical totalmente acomodado en el furor de los 80 y en el que las nuevas bandas indis comenzaban a tomar paso. Casi contemporáneo de Los Planetas, de Chucho, de Mercromina y de otros muchos, funda Manta Ray, grupo con el que realizó varios discos y amplias giras que lo acercaron a los escenarios y lo ayudaron a salir de su timidez enfermiza. No obstante, la necesidad casi física de mostrar sus horizontes musicales le llevan a mostrarse en público como un creador. Así que de la mano de Limbo Starr, su discográfica de siempre, lanza en 2001, “Seis canciones desde el norte”, un EP en colaboración con Aroah, modo de trabajo que cultiva y suponemos cultivará hasta el fin de sus tiempos, Vegas es uno de esos músicos que se atreve con todo y con cualquiera que tenga buenas canciones de por medio.
El EP es un formato por el que siente particular comprensión (es un fetichista reconocible) y en el que publica algunos de sus temas más majestuosos, pensemos en Canción de palacio, Michi Panero, Brujita, En la ardiente oscuridad, Hablando de Marlén. En la actualidad tiene editados cinco discos bajo este formato, el mencionado “Seis canciones” (2001), “Miedo al zumbido de los mosquitos”, “Canciones desde palacio”, “El hombre que casi conoció a Michi Panero” y “Estos no es una salida”, en ellos se dibujan los primeros universos musicales de Vegas, donde se nos revelan, entre otras, la trágica vida de ‘Baby Cat Face’, historia basada en el libro homónimo de Barry Gifford. “Las manos dentro del Agua”, sensibilidad acuática pura para las mañanas de invierno, es otra de las canciones para no perderse.
Era el comienzo de algo que no se sabía aún qué era. Luego vinieron otros minidiscos “aceptables” (por minimizar un poco el tono del texto), poco antes de debutar en grande con un soberbio disco llamado “Actos Inexplicables”. Se inaugura con una canción con reminiscencia morriconianas (de Enio Morricone, el de las pelis de vaqueros), una delicada estampa musical que nos sugiere una tarde de verano, con la caída del sol, un viaje que da paso a “al norte del norte”, una particular carta desde el frío con la que Nacho genera una de sus primeras grandes imágenes poéticas, una playa que parece un oso tumbado junto al mar.
‘Seronda’, tercer corte, con ese teremin, instrumento de ondas que genera un extraño sonido como si estuviésemos viajando en una nave espacial a través de la estrellas, en la nada, se involucra en un tema estratosférico que habla de las rutinas, de los falsos mitos que se crea cada uno sobre la vida. “Volveré a las noches sin dormir, a la noches sin pensar, a las noches sin soñar, a las noches sin sentir… una vez más”, nos dice. Que alguien grite “puta vida”.
Sigamos porque lo que viene luego es otra bofetada vital, ni más ni menos que su primera gran canción al más puro estilo vegasiano “El Ángel Simón”. Ritmo de tango para narrar las tragedias más penetrantes de un ser humano que cae víctima de la depresión en manos de la muerte. Mucho se ha especulado sobre la identidad del finado, como dijo el juez. Se dice que era su padre, la mitología urbana empieza a hacer estragos. “Formalidad, poca, pero que dure”, le tomamos la palabra señor Vegas. ‘Blanca’, corte nueve, con un doble juego de sentidos con la palabra que da título al tema, en un juego de amor y drogas, un coqueteo en la que muestra su lado más épico. Un paralelismo genial lleno de guitarras, armónicas y coros desgarradores. Inolvidable.
Poco después de este disco lanza ni más ni menos, un doble CD “Cajas de música difíciles de parar”, ¡más de veinte canciones para disfrute del personal! ¡Y que canciones! Comenzando con la sencilla y delicada ‘Noches Árticas’, y pasando por un submundo de historias en la que ‘Gang Bang’, ‘La sed Mortal’, ‘Historia de un perdedor’, ‘La plaza de la Soledad’, forman parte de universo iconográfico del asturiano. Cada tema tendría para dar líneas y líneas.
Luego, hablando de discos largos, llegó un lugar para evadirse ‘Desaparezca aquí’, donde desgrana un montón de historias más, entre las que está ‘Ocho y medio’, un tema de desamor antológico, y nunca mejor dicho, la vena más sincera de Vegas sale a la luz como un vómito resignado de pasiones olvidadas. También aparece su tono más humorístico, donde nos sitúa a un personaje elevado en la cota montañosa más elevada de la humanidad, alguien que sube y sube sin razón alguna y sin pensar que luego hay que bajar, “La canción de Juanito Oiarzábal”.
Como Nacho tiene esa manía de crear canciones tuvo la inmensa idea de participar en otro doble cd con el señor Bunbury, una mezcla, a priori extraña, pero deja temas otra vez descomunales. Nacho hace grande a un grande y el grande un disco espléndido y lleno de influencias y buenas canciones que fue uno de los trabajos del año. Da un salto muy importante, el de darse a conocer al gran público latinoamericano. Giró por Argentina y por Méjico. Creó una legión de fans ávidos de nuevas canciones. A esa etapa se puso fin con un disco en vivo grabado en el teatro Liceo de Barcelona y del que Nacho no está particularmente orgulloso.
Posteriormente participaría en Lucas15, un proyecto musical que rescata el cancionero asturiano y que deja un disco de música con canciones y músicos espectaculares. Durante estas andanzas conoció a una tal Christina, la de los subterráneos, y se marcaron un epé en el que Vegas canta que hizo “chas y aparecí a tu lado”. Un detalle metafísico para desterrar los clichés de las masas. Algunos conciertos y fin a una etapa que podría regresar, Nacho es impredecible. Y entre tanto llegamos a un nuevo largo, “El Manifiesto Desastre”, que salió a la luz el pasado día uno de diciembre. Once canciones más…
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