IRÁN, EL PAÍS DE LOS 4.500 AÑOS
'Persépolis', la obra de Marjane Satrapi reúne bajo de sus páginas un mensaje universal de libertad y tolerancia. Un acercamiento al mundo musulmán que ayuda a liberarnos de la ignorancia.
Querida sobri:
Ya sé que estás muy pendiente de tu ‘fotolog’, de tus presuntos amigos de ‘tuenti’, de tus cientos de colegas del ‘messenger’ y que no me vas hacer mucho caso, pero al menos déjame intentarlo, espero que te dignes a leer esto.
Me gustaría, sólo me gustaría, que tuvieses la delicadeza de disfrutar algún día de la novela gráfica de Marjane Satrapi, ‘Persépolis’. Quizás, es posible, lo dudo, ya hayas oído hablar de ella. Que sí, que ya hay una película, que para qué me lo voy a leer si me puedo ver la peli, me vas a decir. Que soy un pesado. Pero hazme caso, please. No te arrepentirás.
La Marjane de la novela es una niña iraní que hoy más o menos tiene la edad de tu tío. Ella nació en Persia, lo que hoy es Irán, un país que está al lado de Irak, el de la guerra, ya te imaginas más o menos por donde queda, ¿no? Pues bien, ahí en ese sitio hay sobre todo historia, miles de años de historia, dicen que 4.500. Y siempre, siempre han estado con guerras, batallas y muerte. ¿Te puedes imaginar lo que es una guerra? ¿Sabes lo que son los refugiados? ¿Te imaginas lo que es quedarse sin casa? ¿Quedarse sin un sitio en donde poder jugar a la Wii? Más o menos te puedes imaginar…
Irán es un país que además de eso tiene como losa que está gobernado por una especie de seres ultraconcienciados en decirle a todo el mundo lo que es correcto y lo que no. A ti, que te encantan las ropitas de Gurú, de Nike, y de todas esas magias del marketing, no te vendría nada mal leerlo, porque entre otras cosas descubrirás que las mujercitas como tú deben ir cubiertas de arriba abajo. Apenas se les ve el rostro. Si no, las azotan, o cosas peores. Ellas se revelan, no te imagino a ti con tus bellos ojos y tu súper cabellera tapándola para que nadie te pare por la calle y te lleve a una comisaría. Y lo de ir sola por la calle… Allí parece ser que si una mujer va sola por la calle es una puta. Así de sencillo. ¿De verdad que no quieres descubrir cómo viven las niñas actuales en Irán? ¿Conocer todo lo que hacen para poder mostrar, aunque sólo sea un poquito, un pedazo de sus cabellos?
Sí señorita, ‘Persépolis’. Verás, poco antes de que llegasen estos tipos que gobiernan ahora Irán hubo un proceso revolucionario. Digamos que la gente allí era como tú o como tus padres, vivían a la europea, si se puede decir así. Estaban comandados por un rey tiránico y que estaba enganchado al lujo y a la desidia. Su pueblo no podía decidir sobre su futuro y sencillamente, lo echaron del poder. Pero… ocurrió una cosa que nadie se puede explicar todavía. El poder fue tomado por personas muy muy conservadoras, muy muy muy tradicionales. De ese tipo de individuos que piensan que una mujer no merece educación y que por supuesto, lo que debe hacer es quedarse en casa a cuidar de los hijos. Me imagino a una niña como tu viviendo allí. ¡Qué duro, verdad! ¿Sabes lo que hicieron con los que no pensaban como ellos? Los exterminaron como esas moscas que cazábamos juntos tú y yo durante los veranos cuando eras una enana. Primero los torturaban, los atontaban como nosotros a esos insectos, y luego los tiraban encima de la tela de araña, esperando a que ésta apareciese a modo de verdugo, que en nuestro caso eran hombres reales, armados y con las manos llenas de sangre.
Pues bien, Marjane tenía la suerte de tener unos padres que cuidaban y se preocupaban de ella, como los tuyos, pero iraníes. Así que decidieron enviarla a Europa a estudiar y a sobrevivir. En la calle en donde ella vivía en Teherán (la capital de Irán), caían bombas que mataban a la gente, así que lo mejor era irse. Se fue a Austria (donde España ganó la Eurocopa), allí se quedó sola, sin nadie. Sobrevivió como pudo, conoció a muchos niños que como ella, por alguna extraña razón se habían quedado solos. Sufrió la xenofobia, una palabreja que supongo vas a buscar en el diccionario si no la conoces. Así, de paso, aprendes algo más. Descubrió, entre otras muchas cosas, las maldades de nuestra cultura occidental, también las cosas buenas como el amor y los amigos. Hasta que un día regresó a su tierra natal, cinco años después, ya hecha una mujer. Todos sus amigos de infancia habían cambiado, o bien sufrido alguna secuela física a causa de las bombas. Se sintió como fuera de sitio, no reconocía aquel lugar en el que había nacido. Eso se llama desarraigo, otra palabreja que podrías buscar en el diccionario. Se sumió en una profunda depresión, hasta que finalmente y poco a poco fue encontrando su sitio en aquel lugar. Luchó y luchó hasta que derribó los muros que le imponía esa sociedad y logró estudiar Arte. A ella eso de dibujar era algo que se le daba bien, lo digo porque cuando veas su dibujos, aunque sean en blanco y negro, verás que son muy bonitos. Te ayudarán mucho a comprender la historia, es como leer un libro, pero con imágenes. Sería una buena amiga para tus noches de cabreo y protesta.
Marjane vive hoy en Francia, donde empezó a publicar a pequeños trocitos esta historia de su vida, esta que te estoy resumiendo. Espero y deseo que tengas a bien contarme algún día que éste es uno de los libros más bonitos que has leído en tu vida, que te enseñó muchas cosas. Ya sabes que tu tío te quiere demasiado como para no recomendarte lo mejor. Mi única intención es que tengas un poco de los valores y principios que destila este libro. Y de paso que obtengas un poco de cultura, de visión de la realidad, que no te quedes con lo primero que te golpea a la puerta, tipo ‘el Canto del Loco’. Que bueno… por algo hay que empezar. Piensa que cuando alguien te hable de Los Planetas o de un buen libro dibujado, tú ya habrás estado hasta el gorro de oír hablar de ellos.
Por si luego te apetece seguir, Marjane Satrapi tiene algún libro más publicado. ‘Bordados’ (2003), una serie de historias sobre la condición femenina, ‘Pollo con ciruelas’ (2005), la historia de un hombre iraní que ha perdido la ilusión por vivir.
En fin, ya me contarás.
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