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Paco Roca, premio Nacional de Cómic 2008 Imprimir
Escrito por Lucas Arias - Fotos:   
Jueves, 12 de Marzo de 2009 18:34

portada_arrugas‘ARRUGAS’, UNA HERMOSA HISTORIA DIBUJADA

El alzheimer es una tragedia que sacude a quienes la sufren, pero sobre todo a quien la padece. Un libro fantástico para degustar en la intimidad.

Ahora que tras muchos años de olvido me he reencontrado con uno de mis grandes ‘hobbies’, la lectura de cómics. He descubierto, no sé si tarde, que más allá de Mortadelo y Filemón, Superlópez, los Zipi y Zape o las historias de Asterix, había y hay un mundo sobrecogedor que me ha animado a escribir mi, llamémosla así, segunda crítica de banda diseñada.

No sé cómo, pero todo surgió por una conversación intrascendente sobre lo que podría leerse uno en plan “novela gráfica”. Empecé por un tal Sacco y su obra ‘Gorazde’, que devoré como un lobo. Luego llegó Persépolis, del que ya hablamos aquí, otra pequeña obra sobre gángsters, y después llegó ‘Arrugas’ (Astiberri, 2007). Quería conocer un poco qué se estaba haciendo en España. Y bueno... descubrí que el Premio Nacional de Cómic 2008, el señor Paco Roca (Valencia, 1969) realizó una obra, sencillamente, fantástica.

Como no me he leído sus anteriores creaciones ‘El juego lúgubre’, ‘Hijos de la Alhambra’ o ‘El Faro’, (en abril de 2009 publica ‘La calles de arena’), ni tampoco conozco sus trabajos como ilustrador, no puedo hacer ningún de valoración evolutiva de su arte. Sino más bien contar un poco lo que nos podemos encontrar en ‘Arrugas’. Y a eso vamos.

Cuando uno va a leer una historia sobre el Alzheimer es bastante probable que pensemos que se nos va a contar la relación directa que tiene esta enfermedad con todas las personas cercanas que rodean al enfermo: la familia, en primer lugar. Pero resulta que no. No hay nada de moralina, nada de lagrimilla, nada de tensiones familiares propiamente dichas. La soledad está plasmada como lo que es, una gran putada que nos tocará del mismo modo que podemos acertar 3 números de la Primitiva.


Emilio, su protagonista principal, es un director de banca jubilado que con los años ha ido evidenciando unos síntomas que lo llevarán a un final trágico: el alzheimer. Así que su hijo decide ingresarlo en una clínica geriátrica. Un lugar de dos plantas, en donde los más sanos están abajo y los terminales están arriba.

Es en este lugar en donde se desarrolla una hermosa trama en la que decenas de personajes van desfilando poco a poco deslumbrándonos con su particular mundo de ancianos. Un hombre que repite todo lo que oye, otro que muestra todo el mundo un recorte de periódico de cuando fue atleta, una señora que guarda azucarcillos, bombones y caramelos para dárselos a sus nietos, un matrimonio  que sufre la paradoja del olvido, pero que irradia el amor más puro, el de toda una vida juntos, el de una señora que está todo el día sentada ante una ventana, creyendo que viaja en un tren, y por supuesto, la historia de Miguel, el otro gran personaje. Se trata de un tipo solitario, sin hijos, sin familia, un ser que finaliza su vida y que se dedica, en toda su cordura, a sacarle dinero a sus compañeros a cambio de no se sabe qué favores: un cabroncete. Él será el gran aliado, el gran compañero de Emilio, al que sirve de guía y complemento para contar la íntima tragedia que va padeciendo, y de la que es consciente al observar con atención su entorno. Sabe que su enfermedad lo llevará a la segunda planta, al olvido, que pronto será incapaz de comer solo, de vestirse, de salir a dar un paseo.

Emilio lo lleva con una paciencia espartana. A su lado Miguel, descubre que de lo poco que le queda por hacer en este mundo es ayudar a su buen amigo en su declive. Una historia trágica alejada de complejos y llena de intimismo y un humor, a veces cómico, a veces cruel.


Los recuerdos, inevitablemente, forman parte de toda esta historia, que son dibujados en la obra de un modo magistral, como si de repente se abriese una ventana de esperanza de lo que fue y que nunca volverá a ser. Toda una vida que regresa una y otra vez a la mente de Emilio para evidenciar que después todo, es lo único que le queda por vivir. Sin embargo, es un tiempo narrativo que se maneja de modo inteligente, sin abusar, utilizando pequeños detalles de su  vida, a modo de flash back. Es uno de los recursos narrativos  más sorprendentes del libro.

Y qué decir de la calidad de los dibujos… Con un tono de color predominantemente amarillo y verdes opacos, con unos trazos limpios, alejados del barroquismo, se da paso a una historia que se disfruta en apenas hora y media. Un modo sutil y personal de sentirse más dentro de este mundo.

Sobre Paco Loco podemos encontrar en la red, además de su web personal, unas cuantas entrevistas en las que nos cuenta su perspectiva de que es el cómic. De lo que para él es la vida, seguramente la podamos resumir en la frase con la que se abre ‘Arrugas’, y que un día dijo un tal Buda: “La nube no desaparece, se convierte en lluvia”.

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