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Larra, una figura mordaz y crítica Imprimir
Escrito por Guillermo López   
Miércoles, 01 de Abril de 2009 16:22

Mariano José de LarraMARIANO JOSÉ DE LARRA, UN ROMÁNTICO FUGAZ

Un maestro del periodismo satírico. Audaz, valiente, crítico y pionero en su modo de contar las cosas. Abandonó la realidad un día que con tan solo 27 años decidió pegarse un tiro.

Aunque no llegó a terminar su carrera de medicina en Madrid, ciudad que le vio nacer el 24 de marzo de 1809, sí llego a percibir en cambio, la realidad española con un sentido crítico y mordaz absolutamente necesario. Su familia cambió España por Burdeos a partir de 1812 y luego París, ya que su padre, afrancesado y de talante liberal había trabajado como cirujano militar al servicio de José Bonaparte durante la guerra de la Independencia. Pero gracias a la amnistía concedida por Fernando VII en 1818, la familia regresó a Madrid, y su padre terminó siendo médico personal del hermano del rey Fernando. En 1824 Larra se traslada a Valladolid a cursar estudios de derecho, los cuales continuaría en Valencia y que tampoco llegaría a terminar. Este hecho favorece la fascinación por una mujer madura que en realidad resultaría ser la amante de su propio padre, lo cual le produjo una fuerte impresión. La vida de Larra, de carácter apasionado y fácil enamoramiento, estaría llena de episodios de naturaleza rocambolesca. En 1825 regresa a Madrid, prosigue sus estudios y en 1827 ingresa en los Voluntarios Realistas, un cuerpo paramilitar, al tiempo que empieza a escribir odas y sátiras, para al final, llegar al periodismo satírico.

Su estancia en las tierras galas había originado su agudo sentido crítico con la realidad social de España. Sus artículos, publicados con tan sólo 19 años en 1828 en folletos mensuales de “El Duende Satírico del Día” bajo el pseudónimo de “El Duende”, le reportaron una rápida fama periodística. Perspicaz observador de las costumbres, cultura y política que se respiraban en territorio español, se afianza con la publicación de su revista satírica “El Pobrecito Hablador”, bajo el seudónimo de Juan Pérez de Munguía. Publicaciones que fueron objeto de censura en poco tiempo.

En 1829 se casa con Josefina Wetoret, hecho desgraciado que termina con la consiguiente separación a los pocos años a pesar de haber tenido tres hijos: Luis Mariano de Larra, libretista de zarzuelas, Adela y Baldomera de cinco y cuatro años cuando Larra decide poner fin a su vida. Otro pseudónimo más (Fígaro) para una nueva etapa en 1833 en la Revista Española y El Observador, donde publica también crítica literaria y política gracias a la libertad de expresión reinante debido a la muerte de Fernando VII. Artículos como “Vuelva Usted Mañana”, “El Castellano Viejo”, “Entre Qué Gentes Estamos”, “En Este País” y “El Casarte Pronto y Mal” salen a la luz. Sus trabajos más importantes y reconocidos son consecuencia de su labor periodística, reflejo de costumbres, sociales y políticas, como el famoso "Vuelva usted mañana", en donde radiografía con un punto satírico e irónico, no exento de pesimismo, las formas de la vida española en general. Larra ataca a los carlistas en un intento de transformar el absolutismo en liberalismo. Sus publicaciones en la prensa, impulsoras del desarrollo del género ensayístico, acumulan más de 200 artículos en tan sólo ocho años. Su talento de inspiración romántica pare su única novela, “El Doncel De Don Enrique El Doliente” de 1834, de tinte histórico y la obra teatral “Macías” basadas en la trágica vida de dicho poeta medieval y sus amores adúlteros, hecho que refleja también su situación sentimental al mantener una relación con Dolores Armijo.

En 1835 realiza un viaje a París, donde conocería a Victor Hugo y Alexandre Dumas. En Madrid se publica “Fígaro: Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres” en una época en la que Larra intervine a favor de los moderados y siendo elegido diputado por Ávila aunque sin llegar a tomar posesión de su escaño debido al Motín de La Granja el 12 de agosto de 1836 con el que se restaura la Constitución de 1812. Su preocupación e inconformidad ante la situación política y social se refleja en sus últimos artículos, sobre todo en “El Día de Difuntos” en el que se puede entrever un gran pesimismo tras su habitual ironía:

 “Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.

¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro, ¿Qué dice? Leamos.

¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero!¡Aquí yace la esperanza!

¡Silencio, silencio!”

Dolores Armijo, que había surgido tras su fracaso amoroso anterior y junto a la que Larra buscaba el amparo, le abandona tras un infructuoso acuerdo, que junto a la situación sociopolítica que atraviesa el país, causa su desesperación, que tendría como fatal desenlace el suicidio de un disparo en la sien el 13 de febrero de 1837 después de abandonar la casa Dolores junto a su cuñada tras negarle a Larra una posible reconciliación. Tan sólo contaba con 27 años y su muerte (que había pasado bastante tiempo desapercibida para los medios de comunicación de la época) había puesto fin a una de las plumas más audaces, valientes, críticas y pioneras, así como de una calidad incuestionable del panorama literario y periodístico español. Reflejo de ello son algunas de sus citas:

'Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.'

'En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos. '

'El sentimiento es una flor delicada, manosearla es marchitarla.'

'Bienaventurados los que no hablan porque ellos se entienden. '

'Tal es el orgullo del hombre, que prefiere declarar que las cosas son incomprensibles cuando no las comprende él, que confesar que ignorarlas puede depender de su torpeza.'

'Ser liberal en España es ser emigrado en potencia.'

'El corazón del hombre necesita creer en algo y cree en las mentiras cuando no encuentra verdades en las que creer.'

El día 15, se produjo el multitudinario entierro y mientras su cuerpo era acogido por el cementerio madrileño de San Nicolás, el poeta José Zorrilla leía:

'Que el poeta, en su misión
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.'

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