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Paul Klee, el color y la poesía hecha pintura Imprimir
Escrito por Guillermo López   
Sábado, 23 de Enero de 2010 16:36

Pintura de Paul KleeEL SUEÑO DE PAUL KLEE

Su pintura es difícil de encuadrar en un único movimiento. Artista prolífico y de imaginación desbordante. Su obra ejerce gran influencia a lo largo de todo el siglo y en especial en la generación de los cincuenta

La obra “A Garden For Orpheus” (Un Jardín Para Orfeo, 1926) elaborada con tinta y acuarela sobre papel pertenece a Paul Klee (Münchenbuchsee, 1879 - Muralto-Locarno, 1940) y corresponde al período más fructífero de vanguardia del siglo XX y se encuentra en Berna, cerca de donde nació este genio de la pintura, considerado como uno de sus representantes más originales.

Estudió arte en una escuela privada de Munich y en la academia de bellas artes de la ciudad. Estudia los grabados de Blake y Goya y descubre a Van Gogh. En estos trabajos quedan latentes la fantasía y sátira y también la influencia del expresionismo del siglo XX.

En sus inicios Klee usa como medios de expresión artística el grabado y el dibujo, mostrando en ellos su tendencia hacia el lado fantástico además de un sentido poético.

En esta obra dedicada a Orfeo, un semidiós de la música y la poesía, se puede constatar el aspecto onírico que impregnaba sus pinturas, en especial las acuarelas y óleos de su etapa más fructífera. Las líneas aquí apenas existen, siendo los propios colores los que delimitan las formas que llenan el cuadro y le proporcionan vida, una visión ensoñadora, pero al mismo tiempo musical como si el propio Orfeo guiase su pincel.

Siempre consideró a Cézanne como “el maestro por excelencia”. A partir de la década de los años 20 empieza a trabajar el óleo desarrollando una nueva expresividad en la que las formas geométricas cobran una especial relevancia y los colores tienen un sentido del ritmo. Los motivos llegan a simplificarse en función de las combinaciones de color y elementos gráficos. Sus motivaciones a la hora de pintar son evocadas por la naturaleza y profundiza en la estructura de los colores sin tener en cuenta a veces su dependencia de las líneas.

Hizo coincidir lo poético con lo numérico. Su método disyuntivo de composición es una gran invención tras la creación del cubismo y deja de lado un punto relevante del cuadro y busca un significado del conjunto igual que un poema o una fotografía.

Su pintura es difícil de encuadrar en un único movimiento. Artista prolífico y de imaginación desbordante, maestro de la forma, del color y de la técnica, su obra ejerce gran influencia a lo largo de todo el siglo y en especial en la generación de los cincuenta. Su legado artístico constituye una gran fuente de inspiración para lo que sería el expresionismo abstracto posterior.


Klee empleó todas las técnicas pintando a ritmo de música, orden y geometría y a los 14 ya dominaba todas las técnicas del dibujo. Tuvo que escoger entre su pasión por la música, los poemas y la pintura, siendo ésta la materialización más sólida que se abre camino en su vida aunque no renunciaría a las otras dos facetas artísticas.

Siempre reflejaba en su cuaderno de notas las impresiones que surcaban su cabeza a medida que trabajaba y sus reflexiones a cerca del arte: “Habrá quienes no reconozcan la verdad de mi espejo. Pero deberán considerar que no estoy para reflejar la superficie (eso lo puede hacer la fotografía), sino que debo penetrar en el interior. Reflejo hasta el corazón. Escribo palabras en la frente y en las comisuras de la boca. Mis rostros humanos son más verdaderos que los originales”.

Según la crítica su trabajo de composición no difiere mucho del de un compositor musical. Se sirvió del sistema de Igor Stravinsky y Bach, Mozart y Haydn eran para él sus ídolos como lo era Goethe en el ámbito de la poesía.

En Munich frecuenta el grupo expresionista Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) del que formaban parte Kandinsky y Macke entre otros. Viaja a Paris y allí conoce a Picasso y Delaunay.

Al viajar a Tunez en 1914 descubre, como lo había hecho antes Matisse con su viaje a Marruecos, el poder de atracción de la luz y el color. Durante los siguientes 20 años, sus pinturas y acuarelas mostraron el dominio de unas armonías cromáticas delicadas y de ensueño, que generalmente usó para crear composiciones sencillas y semiabstractas o incluso efectos que las asemejan a mosaicos. Después de servir durante dos años en el ejército, en el que todavía tiene tiempo para crear algunos dibujos, comienza a vender bien sus obras. Desde 1920 a 1928 fue profesor en la Bauhaus, la escuela de arte que dirigía Walter Gropius en Weimar. Este episodio de su vida comprende la época más brillante del artista. Al nazismo no le hace gracia todo esto (lo califican de autor “degenerado”) y Klee se exilia en Berna. Antes de que la grave enfermedad de la esclerodermia acabe con él en 1939, un año antes de su muerte llega a producir 1.235 obras, casi todas dibujos. En su tumba permanece escrita una parte de su diario: “Dentro de este mundo no se me puede comprender, pues tanto vivo con los muertos como con los no nacidos. Algo más cerca de la creación de lo que es usual y ni con mucho suficientemente cerca.”

 

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