EL GRITO DEL ARTE
Reflexiones sobre El Grito , una de las obras más representativas de la pintura
Es muy común en los pintores (al igual que en muchos otros artistas) que su obra esté condicionada por sus vidas. En la mayoría de sus trabajos se encuentran de uno u otro modo reflejados los episodios que han compuesto sus vivencias, hechos, recuerdos o momentos trascendentales.
Y Edvard Munch es uno de los pintores en los que queda más latente este hecho. A muy temprana edad perdería primero a su madre y luego a su hermana, ambas de tuberculosis con lo que su relación con la muerte quedaría plasmada a posteriori en algunos de sus lienzos con una fuerza desgarradora. Sus trabajos englobados bajo la ansiedad así lo demuestran.
Nace en Loten, Noruega en 1863 y habiendo empezado estudios de ingeniería se decanta luego por la pintura. Gracias a esta acertada decisión hoy podemos disfrutar de sus obras.
La visita que realiza a Paris para ver una exposición impresionista será de suma importancia en su evolución artística. En una de sus primeras obras (La niña enferma) evoca el suceso de la muerte de su hermana, constituyendo así una relación con las atmósferas de opresión, miedo, existencialismo y ansiedad que estarán presentes en todos sus cuadros.
En 1891, tras no quedar satisfecho con el impresionismo, experimenta nuevos deseos de plasmar sus inspiraciones de otro modo y al conocer la obra de Gauguin y Van Gogh entre otros, participa en una exposición de artistas berlineses llamada Berliner Künstlerverein (Círculo de artistas berlineses). Exhibición que clausurarían tras una semana por provocativa y atrevida. Hecho que sirvió para que junto a Max Liebermann, fundasen La Secesión en señal de protesta. Debido a la fama derivada de tales sucesos tuvo la oportunidad de exhibir en numerosas ocasiones por todo el país y sentar las bases para lo que sería poco tiempo después el expresionismo. Con París como motivación y adquiriendo nuevas características que se afianzarían a posteriori en su pintura, crea el “friso de la vida”, serie de cuadros de la que ‘El Grito’ es sin duda la más famosa. En ellas, Munch expresa su interacción con la melancolía, muerte, desesperación y la propia naturaleza.
Munch describió así la idea de ‘El Grito’: "Caminaba yo con dos amigos por el paseo, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo azul oscuro. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza".
Sus pinceladas son anchas y largas, trazadas de forma menos definida y en el lienzo los colores, estridentes en gran parte, cobran una notoria relevancia que se transforma sin duda en imprescindible. Llenan los espacios proveyéndolos de vitalidad y profundidad junto a una perspectiva exagerada (característica de esta serie de pinturas). El color parece dar forma a los objetos y los dota de un protagonismo indiscutible, con su más que evidente fauvismo. El Grito está lleno de desesperación, angustia y deseo de evasión. Podríamos decir que es el reflejo pictórico de una sensación agorofóbica perfectamente plasmada en obra de arte. No exento de un sentido apocalíptico, la pintura podría estar totalmente vigente y expresar una sensación solapada a los tiempos que vivimos. La insoportable densidad y belleza enfermiza del paisaje nórdico está viva y parece querer absorber e incluso abducir al personaje principal, inspirado en una momia peruana. Hizo unas cincuenta copias del mismo cuadro. El Grito fue robado en varias ocasiones y recuperado posteriormente. Empleó diversas técnicas pero la más conocida y famosa está compuesta por óleo, témpera y pastel sobre cartón y fue realizada en 1893. También fue considerada la primera pintura expresionista. En ella lo que se capta a través de los sentidos es lo que interesa a Munch.
Después de pasar por una crisis que le obliga a estar internado en un psiquiátrico en 1908, sale con un nuevo aire vital que se refleja en sus trabajos posteriores como la decoración del aula magna de la universidad de Oslo y exposiciones en Colonia y Berlín en donde ya se equipara en importancia con Van Gogh, Gauguin o Cézanne.
Pasa sus últimos veinte años retirado en su finca situada en las afueras de Oslo y pintando con ganas renovadas. En enero de 1944 con la ocupación de Noruega por los nazis muere solo, como había pasado la mayor parte de su vida.
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