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Jean Vigo, el poeta del celuloide
Escrito por Guillermo López
Viernes, 02 de Mayo de 2008 19:11
UNA CORTA HISTORIA DE CINE
Menos de 200 minutos de película forman la filmografía de Jean Vigo (París, 24 de abril de 1905 - 5 de octubre de 1934), uno de los creadores fílmicos con más carga poética, capaz de reproducir atmósferas oníricas que parecen traspasar la pantalla.
Su carrera como director es una de las más breves de la historia, con cuatro películas, lo que no le impide ser uno de los directores más influyentes del siglo XX.
Hijo de un periodista y militante anarquista de origen catalán (Miguel Almereyda -en realidad Eugène-Bonaventure de Vigo, ahorcado en una prisión francesa en 1917) Vigo se sobrepuso a la fatalidad en varias ocasiones durante su fugaz vida. Con tan sólo 12 años, mal nutrido y abandonado por su madre, es recogido por su abuela paterna durante un corto período de tiempo, antes de entrar en un internado de Millau donde estaría cuatro años, hasta 1922. Allí forjaría su carácter ácido, cultivando el arte de la indisciplina. Debido a la mala calidad de vida sufre tuberculosis; ingresa en una clínica de Andorra, donde conoce a Elizabeth Lozinska, aquejada de una enfermedad crónica y que sería su compañera hasta la muerte. Ingresado, empieza a nacer su vocación de cineasta que daría sus primeros frutos en Niza. Allí fue trasladado por su estado de salud. Rodeado del panorama burgués francés nace “A propósito de Niza”, un cortometraje de media hora con influencias surrealistas, cargado de gran crítica social (una visión sobre una sociedad superficial en proceso de putrefacción) que logra filmar gracias a la colaboración monetaria del padre de Elizabeth y la ayuda de Boris Kaufman. Filma la riqueza, las fiestas, el deterioro de la clase alta, sus personajes arquetípicos, los barrocos cementerios de los ricos y las contradicciones de la vida burguesa. La película se convierte en un documento ideológico de protesta. En esta ciudad forma parte de un estudio fotográfico y posteriormente del cineclub de Niza, lo que le procura contacto con experimentadores cinematográficos de todo el mundo.
Con esta primera incursión en el cine, Vigo da muestras de lo que llamaría el punto de vista documentado, resaltando la subjetividad del autor. Con frecuencia Vigo lleva a Kaufman a pasear en silla de ruedas con una cámara entre las piernas, tapada por una manta. Capaces así de filmar con cámara oculta, que es lo que ambos -partidarios de la teoría kino-pravda (cinéma vérité)-buscan. A propósito de Niza tiene un éxito modesto, y Vigo no vuelve a rodar hasta 1931, cuando recibe el encargo de realizar un documental sobre el campeón de natación Jean Taris. El resultado es Taris, con apenas nueve minutos de duración repletos de originalidad y juegos visuales entre el nadador, el agua y el montaje.
En 1932 conoce a un arriesgado productor, Jacques Louis Nounez, enamorado de los vanguardista. El resultado son los doscientos mil francos con que financia el primer largometraje de Jean Vigo: (Zero de conduite) Cero en conducta, 1933 (en la cual Truffaut se inspira para “Los cuatrocientos golpes, 1959” rindiendo así un claro homenaje a su admirado cineasta) destaca como un homenaje a la anarquía infantil. Basada en sus propios recuerdos de niñez es una especie de exorcismo de los temores y reveses que sufre en su temprana edad. Con ella entra en el género de ficción. El film es duro y crítico con las instituciones de enseñanza, aunque lírico en lo formal. La censura se ceba con el filme y es retirado de la circulación durante trece años, hasta que en 1945 vuelve a ver la luz.
Aquejado ya de tuberculosis crónica, Vigo filma "L'Atalante" (1934) sin saber que sería su obra póstuma. Fallece a los 29 años, antes de verla estrenada. Sus obras descansan en el olvido hasta que los cineastas de La Nouvelle Vague las rescatan convirtiéndolas en obras de arte y convierten a Vigo en un artista de gran prestigio en el cine mundial.
Su filmografía es poética por definición, una característica inherente a su lenguaje cinematográfico. Sus imágenes parecen traspasar la gran pantalla para formar parte de nuestro mundo, el real. Y ensueño, fantasía y realidad llegan a caminar de la mano durante un instante, lo que dura una película. Sus personajes están envueltos en la nostalgia quizá por la libertad perdida o la que jamás podrán alcanzar, por su incertidumbre vital.
Vigo no pudo ver L’Atalante acabada. El recibimiento poco cálido de su anterior film hizo que la Gaumont eliminara escenas y realizase cambios imperdonables. Con la revalorización de la obra del cineasta en los cincuenta, se puso de nuevo en circulación. Por fin en 1985 se encuentra una versión inédita del negativo original en Londres. La reconstrucción finaliza en 1991, volviendo a navegar el verdadero espíritu del film. Mezcla de realismo y surrealismo, la atmósfera onírica en él contenida perdura en la memoria del espectador. La expresividad así como la belleza de sus imágenes lo convierten en uno de los más hermosos filmes sobre los misterios del corazón humano.