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| ‘El Manifiesto Desastre’, de NV |
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| Escrito por Lucas Arias | |||||||||
| Lunes, 08 de Diciembre de 2008 01:00 | |||||||||
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El lado autobiográfico de Vegas siempre ha estado presente en su obra, pero de una forma un tanto intuitiva. Cada oyente se monta la película a su gusto. Es fácil imaginarse a Nacho como protagonista de muchas de las canciones en las que narra historias, a veces ciertas, a veces ciertas a medias. Llama la atención de todo el disco una canción maravillosa llamada ‘Dry Martini S.A.’, en la que habla solo, bebe té y toma notas para hacer de su vida algo habitable. NV va desgranando una nueva caída hacia el abismo de las pasiones, al descontrol, y en la que tiene remordimientos “Nacho, has vuelto a hacerlo mal, lo hiciste mal…”. Menos mal que queda el sexo anal y Dry Martini S.A. Es que “era un juego y ahora es real. Pero que mal, muy mal, era un sueño y ahora es real”, nos canta.
En ‘Lole y Bolan’ NV canta a un presunto amor mientras comenta entre coñas que sabe que la amará toda su vida, que lo jura, “en teoría”. El lado humorístico del asturiano sale a relucir para tratar su particular visión de la ‘Teoría del amor’.
Técnica
Hace algún tiempo leí a un célebre cantante andaluz que no podía entender cómo Vegas era capaz de levantarse muy temprano para grabar algún corte de sus temas justo después de una noche de juerga. Suele decir el astur que no hay horas concretas para la inspiración, y que así con el moco, se sacan matices y detalles que en otros momentos no saldrían. Ignoramos si NV ha madrugado o no, pero sí se aprecian detalles concretos en la técnica de grabación y creación de las canciones. La voz suena distinta en cada una de ellas, como si quisiese aprovechar cada instante de inspiración. En ‘El tercer día’, la voz de Vegas es más descarnada que nunca. Ya desde su comienzo, donde se lanza a cantar casi a capela. Para evolucionar y terminar con un grito desesperado que llena de épica el paso de los días, “otro día más. Otro día más…”
A esto se une la genialidad de una mezcla melódica. Más que nunca Vegas introduce hasta dos y tres melodías cantadas o en coros en una misma línea de tiempo. Fiel reflejo de esto es ‘Crujidos’, ‘Dry Martini’, o la magnífica ‘Mondúber’.
En cuanto al sonido debemos confirmar que hay algo nuevo que evidentemente se hace notar: las Esferas invisibles ya no están. Se hace acompañar de su inseparable Xel Pereda, Manu Molina, Luis Rodríguez y Abraham Boba. Se percibe un sonido con mayor presencia del piano y de guiños a los ciertos clásicos. 'Lole y Bolan' es un claro homenaje a T-Rex, por ejemplo. En otros temas se aprecia el gusto por los coros gospelianos.
Simbología
Y como no, hay nuevos iconos, nuevos personajes, nuevos lugares en los que curiosear. El Señor G. que recuerda al juez de 'El Ángel Simón' (Cajas de música difíciles de parar, Limbostarr, 2003), aparece en “Un desastre manifiesto”, uno de los mejores temas del disco. El ‘Mondúber’, que supuestamente es algo conocido, (en internet aparece localizado como un monte que está en Levante), es para un servidor el falo de la discordia. Imaginación al poder. Las sombras que fornican, el 'Dry Martini', el sexo anal… ya forman parte del extenso diccionario vegasiano.
Escuchar el nuevo disco de Vegas es arriesgarse una vez más al desbordamiento de emociones. Once magníficas canciones en las que hay de todo un poco, hasta un hueco para una especie de ranchera mejicana y guiños épicos al estilos 'La Sed Mortal'. En definitiva, temas para cantar entre las masas y para culto individual.
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