UN HIMNO, UNA CANCIÓN
¿Por qué un texto para una canción de hace ya casi diez años? ¿Por qué? Pues no sabemos exactamente. Digamos que el de ahora es un momento iconográficomusical. ¿Por qué otra vez Los Planetas? ¿Por qué? Digamos que es un momento iconográficoplanetoide. Uno más.
Por más que se intenta, un servidor es incapaz de dejar de escuchar sus canciones. Aún hoy en día continúan poniéndose los pelos como escarpias. Quisiera ser un pez que diría Juan Luis Guerra.
'La Copa de Europa' (Los Planetas – ‘Una semana en el motor de un autobús’, RCA 1998), además de ser un majestuoso título para una canción, es algo así como un confesionario. Un lugar en donde es inevitable reflexionar sobre lo divino y lo humano mientras la letra de la canción se entromete en tu cabeza para cantarla junto a Jota. Nueve minutos y medio de ambiente camaleónico, nueve minutos y medio para la banda sonora de una vida.
Reproduzcamos el tema… Los sonidos vienen de muy lejos como de los ecos de la nada, se acercan, un piano impone pasos contundentes entre ruidos, violines y otros instrumentos casi indescifrables. Pim… …pam, pim… …pam. Así durante 48 segundos. “Ahora pienso que no merece la pena. Arriesgarme traerá más problemas y así que elijo lo que tengo más cerca. Por lo menos tendré la certeza de que existo, de que puedo decidir, de que elijo por mí, sólo por mí.” Así de crudos, así de salvajes cantan Los Planetas. Cuentan, no me hagan mucho caso, que esta canción nació aquel día en que Ronald Koeman marcó el gol del triunfo para el Barcelona en la final de la Copa de Europa de 1992. No puedo evitar evocar ese día saltando por todo el salón de casa siempre que suena en mi reproductor. Quizás sean chorradas, quizás momentos melancólicos que ni importan ni tienen trascendencia para un texto como este. Pero forman parte de de uno. Los Planetas tienen algo que muy pocos grupos son capaces de obtener: la reacción del oyente y la activación de las emociones. Un ‘feedback’ de estímulo respuesta entre el que canta y el que escucha. “Algo nuevo, algo aún por descubrir, algo dentro de mí. Dentro de mí.” Imponentes. Imposible no sentir algo.
De repente te das cuenta que estás imbuido por la canción, que algo raro está ocurriendo, que no estás ante una tema de paso, sino ante una de las canciones de tu vida. Compruebas el nombre del ‘track’, no le ves sentido. Te fijas en los otros títulos y te dices: son raritos estos planetas. Preguntas, buscas, te llegan rumores, historias que no sabes si son verdad o forman parte de la mitología musical. Y mientas, la canción comienza a tener una presencia viva. Un universo de incertidumbres se cierne sobre uno. Piensas que el mundo gira a tu alrededor y tú dentro de él estás dejándote llevar. Con tu cerebro a vueltas con lo divino y lo humano.
“En vez de aceptar lo que viene de fuera. En lugar de contar lo que queda, desde ahora hasta el día en que muera, por lo menos cabrá la sorpresa. Algo nuevo, algo aún por descubrir, algo dentro de mí. Dentro de mi.” Tras tres minutos de canción se da paso a una parte musical llena de épica. El momento ideal para reflexionar sobre las frases anteriores. Los pensamientos van y vienen. Algo se enciende en tu cabeza, algo pasa con esta canción. Parece que quieres más, que algo importante va a ocurrir dentro de ella. Jota enlaza más versos casi gritando con un sosiego inigualable. “Casi no tengo fuerzas, he de hacerlo, encontrar dentro de mi algo nuevo”. Nuevo momento de épica de más de 4 minutos de música a la espera de que regrese la voz, que nunca llegará. Las melodías van desapareciendo, primero los violines, luego los teclados, no quedamos con la batería y los ruidos ensordecedores de algo. Se van del mismo modo que llegaron. Se fueron. Fin a disco infinito.
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