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Crepúsculo sin escrúpulos
Escrito por Lucas Arias
Lunes, 24 de Agosto de 2009 19:31
JOE CREPÚSCULO, EL TOM WAITS DEL ORGANILLO
De la escena indi barcelonesa emerge la propuesta artística de una figura oscura y trascendental. Un ser que canta no muy bien y que compone no muy mal. Un auténtico fenónemo que invadirá las cuencas sonoras de tus orejas.
Últimamente me he topado en diversos carteles y en alguna que otra revista referencias a un tal Joe Crepúsculo. Me imaginaba una especie de cantautor postrock o algo parecido, así que me he lanzado a la red a buscar información y canciones, y ¡vaya si las he encontrado! Joe tiene en el mercado, o más bien colgados en su web, dos discos: ‘Escuela de Zebras’ y ‘Supercrepus’. En octubre lanzará su tercera obra: ‘Chill Out’, que según explica finaliza con un coro de feligreses. Algo que nos da una leve referencia de su escrupulosa actitud hacia la no vergüenza. Porque en la música de Joe hay un gran batido bizarrista que es conveniente escuchar con calma y sosiego. Sonido enlatado de organillos, bases rítmicas relativamente comunes y repetitivas, melodías pegadizas de pianos, y un poco o mucho pop, son los ingredientes de una mayonesa musical de emociones que en esencia recuerda mucho al bueno de Tom Waits, pero con casiotone…
Bueno, al grano. Crepúsculo es uno de estos artistas del underground catalán, que no sabemos porqué son capaces de darse a conocer a través de la red con una propuesta creativa valiente y desprendida, sobre todo por lo cutre que aparentan sus canciones. Lo cierto es que detrás está Producciones Doradas, un sello que acompaña a una decena de artistas como Tarántula (que está también integrado por Joe), Tu Madre, Thelemáticos, Anticonceptivas, entre otros, y que se encarga de la promoción e imaginamos de mantener una cuidada imagen de su gente. Por ejemplo, el dossier de prensa nos dice que Joe nos da una visión del mundo con temáticas “a medio camino entre la antropología social y el cante del papagayo”, y la web del propio artista es un sugerente guiño a las primeras consolas de la historia, pixeles y colores estridentes por aquí y por allá. Son magníficas las portadas de sus álbumes, en la que la épica y los tonos pop se fusionan con extrañas figuras, formas y pegotes con protagonistas muy variados, desde vírgenes a animalitos varios.
¿Y de qué va su música?
Estamos ante canciones pop (en lo esencial). Lo casero de las tecnologías musicales que usa, se mezcla con una voz común, muy de mortales. A unos les recuerda a Alaska, a otros a cualquier colega nuestro cantando en la otra habitación. Las cosas que canta y cómo las canta Joe, causarían sonrojo a la mayor parte de los creadores. Pero está claro que a él esto le trae sin cuidado. Así que lo mejor para el oyente es abrir bien de orejas y olvidarse de esquemas mentales sobre la música. Quédense con esto, cualquier cosa que parecida, no existe. Ni Hidrogenesse, ni Manos de Topo. Olvídenlo.
Me da la impresión de que este tipo hace una de estas dos cosas (o ambas): lo que le da la gana, o lo que sabe hacer con los medios que tiene a su disposición. No canta bien, desafina que da gusto, pero hay algo curioso y muy meritorio en su obra, y es que no hay nadie en este mundillo capaz de hacer a la vez canciones tan extrañas, tan fluídas, tan originales y sobradamente inteligentes y sinceras. En ellas hay de todo, recuerdos, rencores, alegría, consejos espirituales, imágenes idílicas, verdades como puños y barbaridades mentales propias de quien crea letras según el estado de ánimo.
Escuchas, muchas escuchas, y si es posible, tener delante las letras, es la mejor manera de conocerlo. Es inevitable que en un primer contacto algunos de sus temas nos den risa. Sobre todo si escuchamos canciones como la que un bocata de chorizo aparece para ilustrar la rutinaria vida del joven cualquiera en ‘Aguas Pantanosas’ (Supercrepus). En sus letras hay hueco para la filosofía, como en ‘Después de la muerte’, donde nos dice que “todos quieren vivir la vida y las cosas, comprometerse con algo […] Todas las culturas dicen lo mismo […] La muerte es un cambio, un misterio, una puerta hacia la luz”. También abundan los temas existencialistas. “Tómate tu tiempo al escoger a un amigo que te pueda hacer feliz. Lo más fácil es compadecer y humillar. Nunca debes dejar crecer la hierba en el camino de la amistad”, nos canta en ‘La amistad’ (Escuela de Zebras). Consejos vitalistas que nunca están de más. Así, en ‘Los Viejos’, su tema más rock, nos canta que “los pecados de juventud se pagan en la vejez. Los abuelos son los ángeles de los nietos”, nos dice para añadir poco después: “Cada niño que viene al mundo es mejor que el anterior”.
También, como no, nos deja temas de desamor, como ‘Gabriela’, ‘Caja de Lluvia’ o ‘Ama y haz lo que quieras’, donde nos comenta como quien no quiera la cosa que “no se accede a la verdad sino es a través del amor”. Profundidad metafísica al más puro estilo Joe Crepúsculo. Seguro que les ‘Suena brillante’, como uno de sus ‘hits’.