Cantar sobre esas pequeñas trivialidades como lo son las reflexiones iracundas que nacen de la contemplación de las masas es una de las tareas más complejas que existen en este arte de crear canciones. Aquellos que son capaces de conectar con parte de ellas alcanzan el éxito y la identificación total con el mensaje. Eso podría ocurrirnos si escuchamos las canciones de Los Punsetes, banda madrileña que se reivindica con la necesidad de contar historias curiosas y que darán mucho que hablar. Y todo a través de un sonido postpunk y unas letras con una alta carga de crítica hacia los seres con los que conviven. Esto es, todos ustedes.
Ya me contarán si no les han surgido preguntas del tipo: “¿Estaría mejor si tuviese novio/a, si pudiese tener amigos tan fantásticos como esos que se abrazan delante de mis napias, si tuviese un colega con ese talento que yo no tengo, si fuese tan guapo o tan dicharachero como para que todo el mundo aquí presente me saludase como lo hacen con ese…?”.Y es ahí, gracias a un tipo de personajes autocríticos, cuando aparece el “método Punsetes” para redimirnos de los pecados, o sea, con “canciones que piensan, luego existen”, (parafrasesperpentizando a René). Sirven para revitalizar a esas almas cándidas que necesitan de canciones y actitudes con las que identificarse, para sobrevivir, dar forma y soluciones a esas necesidades espirituales.
Diríamos, permítanme la elucubración, que Los Punsetes trabajan bajo el lema de “hagoloquemesaledeloscojones”, con letras simples y llenas de un poder de atracción que bien podríamos llamar “punsetinismo”. Concepto que cuenta con unos rasgos definidos:
Yo estoy por encima de todo.
Estoy sólo y soy consciente de eso y ...
no vivo, ¡sobrevivo!
El punsetinismo es un modo íntimo y personal de decir a la cara lo jodido que es convivir con todos ustedes. Y así nos los hacen saber en “Querido Alberto” (Homónimo, 2008), cuando nos dicen que “ya no soportan a la gente, que las cosas de los demás, deberían darles igual”. O en “El Escorial”, donde no se cortan a la hora de pedir la muerte al Escorial, lugar de pútrido recuerdo para alguien que ha padeció allí un mal de amores. ¿Qué culpa tendrá el sitio? Así que no dudan en mostrar macarrismo y desenfado para luchar contra las rutinas y rebeliones internas, temáticas que abundan tras la voz de Ariadna, su cantante.
Puede parecer que la tonalidad de su voz no sea precisamente un dechado de virtudes, quizás no tenga un vozarrón de estos que conmueven, más bien parece que ha ido a parar ahí casi por casualidad, como si Los Punsetes no tuviesen otra opción. Y sin embargo, todo en conjunto termina sonando tan bien y atractivo que se antoja imposible hacer la música que hacer si no fuese con una voz tan curiosa como la suya. Así que de primeras puede que nos echen para atrás, pero si paran, prepárense que hay curvas. Mucho
“Fondo de Armario”, mejor dicho.
A principios de 2010 lanzaron un disco llamado LP2 en los que muestran unos esquemas musicales muy claritos. Ruido, contundencia, mala leche y crítica punsetinista. Florecen en él canciones ultrapegadizas como “Tus amigos”, o “Por el vicio”, donde nos dejan dos majestuosas frases para el recuerdo: “Que le den por culo a tus amigos, tu trabajo me toca la pelotas, conmigo ya tienes de sobra” y “Pásame las coordenadas del pasillo […]Lo hago todo por la causa más noble que se haya visto, lo hago todo por el vicio”. No obstante, a pesar de parecer temas simples, mantienen una fluidez que rompe la monotonía de este tipo de construcciones melódicas.
En el álbum encontramos también momentos más íntimos, con delicadas formas sonoras, como “El Artista”, o “Yo creo en Satanás”, donde las reminiscencias de indi español de los 90 se dejan ver con nota alta.
La crítica semisocial se muestra en temas como “Estilo” o “De Moda”, donde nos comentan que no nos preocupemos, que nos vamos a poner de moda, porque “no hay nadie en España que sepa hacer eso que haces tú”. A mitad de disco, como quien no quiere la cosa, nos piden dinero, para no trabajar, “quieren billetes, mejor”. Lo de vivir bien les preocupa bastante, en “Hospital Alchemilla”, nos hacen un repaso a los fondos que dispone un sujeto que quería portarse bien.
Curioso lo de Los Punsetes. Son capaces de fabricar melodías redondas sin aburrir. Narrando pequeñas reflexiones con un escepticismo tan cojonudo que da buen rollo.
Aire fresco al rock en España. ¡Por fin!