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Actuación de Interpol en Santiago
Escrito por Lucas Arias
Martes, 05 de Octubre de 2010 19:00
LA IMPONENTE BREVEDAD DEL SER ‘INTERPOL’
Estuvimos en la Sala Capitol de Compostela para ver la primera actuación en Galicia de la banda norteamericana Interpol
Me decía el ilustre pensador de masas al salir del concierto de Capitol en Santiago, que el recital le había parecido bastante enlatado. “Yo lo pongo un cuatro. ¿Y tú?” *
Bien es cierto que no tocaron más allá de hora y cuarto, que la cosa fue corta y que, como era de esperar, no transmitieron muchas emociones más allá de las que salieron de las guitarras y de la impresionante voz de Paul Banks. Y es que ¡señores! Son Interpol, nada aspavientos, ni lucecitas extravagantes, montajes audiovisuales… Allí hubo mucho de sobriedad y profesionalidad. Pero lo que sí quedó meridianamente claro es que Interpol disponen actualmente de uno de los mejores directos del panorama, y lo digo porque me haya visto todos los conciertos del mundo, sino porque sentir que todo suena matemático, clavado, como en un disco es digno de mención y no precisamente de desagrado, al menos para un servidor. Ni un solo error, con todos sus detalles, -esa batería en ‘Not Even Jail’, brutal- . Discretísimo y genial el nuevo bajista, David Pajo, clavando todas y cada una de las canciones. También era una delicia ver a su guitarrista Daniel Kessler plegar sus piernas en unas especie de contorneo Elvisiniano al tiempo que movía sus brazo a ritmo de canciones como ‘Rest My Chemistry’, uno de los mejores temas que interpretaron, y ya no digamos en ‘Leif Eriksson’, donde hubo ese momento culminante del final tan conocido por todos sus fans: apoteósico.
Para quien ha visto por primera vez a Interpol, y al margen de la voz de Paul Banks; dura, cruda y sin fisuras, la sensación que nos queda es la de que “es lo que hay”. No son la alegría de la huerta, tampoco lo son sus canciones, ni su forma de ir por la vida. Son una formación oscura, de determinismo total. Así que hay que quedarse con lo visto, y lo visto fue, sencillamente, imponente.
Cuando comenzó a sonar ‘Sucess’, el tema que inauguró el concierto, sentí que el disco que había puesto a parir hacía unas semanas en esta misma página no lo era tanto, y que quizás, Interpol nunca hagan nada mal, sino peor que lo mejor que hayan hecho. En definitiva, un trabalenguas mental que viene a cuenta para recordarnos que para tocar a ese nivel, para tener un sonido tan poderoso y reconocible, no sólo basta el talento de un ingeniero de sonido, sino un trabajo de fondo y de banda, tener claras sus influencias, su inquietudes y hacer de ellas una parte más del ente. Digamos que Joy Division abrieron un camino a muchos, a estos americanos entre ellos. Porque ellos navegan, al igual que los ingleses, por esa delgada línea entre lo clásico y la vanguardia en la que no siempre es fácil sobrevivir.
Impecables en el sonido, no es de extrañar si tenemos en cuenta que actuaron, posiblemente, en la mejor sala de conciertos que se puede encontrar hoy en España, así que el trabajo de los técnicos no podía echar al traste una majestuosa actuación en la que tanta sobriedad dejó cierta sensación de que algo se había quedado atrás. No tanto por el repertorio; ahí estuvieron,salvo olvido,‘Say Hello To The Angels’, ‘C'mere’, ‘Summer Well’, ‘Barricade’, ‘Evil’, ‘Narc’, ‘Hands Away’, ‘Lights’, ‘Take You On A Cruise’, ‘Obstacle 1’; un barrido sutil y embriagador por los mejores temas de una banda tocada por la mano de los dioses; sino por esa escasa muestra de implicación con el público. A lo mejor, estamos más a acostumbrados a que alguien nos dé las gracias decenas de veces y que el público se mueva en una ola visceral como si los mismísimos Pixies se hubiesen teletransportado desde Boston. Ellos hicieron su trabajo, hablaron dos o tres veces y se marcharon con un gracias y un hasta otra, poco después de tocar un bis con PDA como despedida y una canción que a un servidor le hizo decir aquello de, ya me puedo morir tranquilo, “ya he escuchado ‘Untitled’ en directo”. Para mí, una delicatessen musical.
Y doy gracias a dios y a la providencia por dejarme capturar dos entradas en cuatro minutos a las 9 horas de una mañana cualquiera de hace unos meses. Y gracias a un alguien por su curiosa forma de navegar por los calendarios de conciertos y a esa bendita alma de casi siete meses que aún desconocemos y que escuchó su primer concierto en vivo con suma tranquilidad en el vientre de ese alguien. ¡Cuántos se perdieron esto por voracidad de quienes quisieron hacer un agosto en pleno octubre! Tú no fuiste una de ellas.