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Helmut Newton, el genio de la sofisticación Imprimir
Escrito por Guillermo López   
Lunes, 19 de Enero de 2009 00:40

Helmut Newton - FotógrafoREVOLUCIONARIO DE LA FOTOGRAFÍA PUBLICITARIA

Elegancia, provocación, exaltación, belleza y sofisticación son sustantivos inherentes al trabajo de este fotógrafo de origen berlinés que supo retratar como nadie el mundo de la moda en su mejor perfil, ...

...el del impacto visual y el arte del desnudo, marcando un hito en la fotografía del siglo XX con trabajos que figuran en cualquier antología que se precie.

Moda, desnudos y retratos son el tridente en el que se divide su arte, admirado con devoción y al mismo tiempo condenado por completo.

La representación de mujeres que aman y desean ser amadas, que muestran la voluptuosidad de sus cuerpos, que no tienen reparos en mostrarlos y que se convierten en un icono, un objeto de culto y una seña de identidad de una foto que al instante puede ser reconocida. El mejor regalo para un artista es que su fruto sea fácil e inmediatamente identificable por los demás. Su seña de identidad respira en la atmósfera que congelan sus instantáneas. En su obra abunda el blanco y negro más que el color y el contraste entre las luces le confieren un cierto matiz retro que la convierte en única. Como todo gran innovador su obra ha servido de influencia en el mundo de la fotografía.

Sus retratos, siempre desinhibidos y cosmopolitas, dotan al mundo de la moda de un nuevo factor: el poder de evocar la sofisticación más descarada. En la mayoría de sus trabajos, es la mujer el elemento a adorar. Su presencia, unas veces casi arrogante, segura de sí misma e incluso en ocasiones agresiva y otras en cambio, sumisa y en continuo flirteo con la androginia, es la seña de identidad de este voyeur, vividor y genio judío nacido como Helmut Neustädter el 31 de octubre de 1920. De familia acomodada, su interés por el mundo de la fotografía se despertó al comprobar que ésta le permitía evadir el aburrimiento que conllevaba ser un niño malcriado y sentirse vigilado por el servicio de la casa de diez habitaciones en la que vivía, rodeado de una seguridad económica permanente.
Cuando compra su primera cámara en el 32, sus primeros disparos son para Berlín, que comenzaba a separarse entre arios y judíos. Pero cuando las leyes de Nuremberg se promulgaron y el dinero de su familia comenzó a evaporarse, sus únicos intereses por aquél entonces (mujeres, natación y fotografía) se canalizaron en la necesidad de trabajar. Su madre consiguió que empezara como aprendiz de Yva (Elsa Simon), una fotógrafa de moda por aquel entonces muy conocida, que más tarde moriría en Auschwitz.

En el estudio de Yva, rodeado de revistas de Vogue, imitaba lo que ya sabía que quería ser. Con la Gestapo en los talones, sus padres viajan a Sudamérica y envían a Helmut a China. En Singapur cuando se presenta para un trabajo en la Comisión de Bienestar Social, se convierte en una especie de gigoló de su entrevistadora perdiendo al cabo de un año su ambición profesional. Tras pasar una temporada trabajando como reportero gráfico para un periódico, se decide por Australia, se enrola en el ejército y en 1946 cambia su apellido por Newton. Monta un pequeño estudio y conoce a la actriz June Brown, que se convertiría en su futura mujer.


Tras probar suerte con el suplemento australiano del Vogue inglés y trabajar en Londres se traslada a París donde sí consigue en 1961 trabajar para la edición francesa de la revista. En París, colabora durante veinticinco años con Vogue, Marie Claire, Elle, Jardín des Modes, American Playboy, Nova y Queen, realizando reportajes que aparecen en Stern y Life. “Fue una época muy emocionante en la que aprendí todo lo que hay que saber sobre fotografía de moda. Vivía en un universo que me encantaba” En esa década Newton acepta todo trabajo que le es ofrecido y a duras penas tiene tiempo para dormir ya que sus colecciones se gestaban durante la noche para ser expuestas a los compradores durante el día. Su afán de superación con la meta de llegar a ser el mejor, le costaron su salud. El tabaco y la bebida se tradujeron en 1971 en su primer ataque de apoplejía. La edición francesa de Vogue le catapulta a la fama mundial con la publicación de sus mejores trabajos, convirtiéndolo en uno de los más grandes genios de la fotografía del siglo XX.

En París logró acumular una fortuna y junto a su mujer June, se mudaron a Montecarlo. Al poco tiempo la edición italiana de Vogue le dio carta blanca para sus proyectos, que le mantuvieron ocupado durante veinte años más, haciendo lo que siempre había querido. Sus últimos años transcurren entre Montecarlo y Nueva York. Aficionado a los coches y amante de la velocidad, pierde la vida en un accidente a bordo de un Cadillac a los ochenta y tres años en Los Angeles el 23 de enero de 2004. Siempre nos quedarán sus visiones sofisticadas de una realidad que también existe.

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