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Henri Cartier-Bresson y el momento decisivo Imprimir
Escrito por Guillermo López   
Martes, 03 de Febrero de 2009 13:23

bressonEL INSTANTE DECISIVO

En 1908 la ciudad francesa de Chanteloup ve nacer a uno de los más grandes genios (de carácter inadaptado, como no podía ser de otra forma) de la fotografía.

Este no es otro que Henri Cartier-Bresson. Su gusto por el arte, heredado de su familia acomodada, le hace inclinarse por la fotografía tras probar con la pintura, y haber estudiado literatura en Cambridge. Tras frecuentar los talleres de los más afamados pintores de la época, no podía ocultar su fascinación por Rimbaud, Baudelaire o Proust. Es a partir del 31 cuando el mundo de los negativos y los objetivos le capturaría para el resto de sus días. Su primera Leica, en 1933, resultó muy práctica a la hora de retratar a sus modelos de manera disimulada como un cazador de imágenes invisible.

Y es que el mundo creativo parecía haber estado aguardándole desde su nacimiento. Detestaba la vida práctica y el mundo de los negocios y tras acudir a la llamada del arte, su vida se vio encauzada por la vía correcta. Comenzó a frecuentar a los surrealistas, que le marcaron decisivamente, aunque no conectó por completo con su ideología. Frecuentó el salón de Gertrude Stein, que le dijo: “Jovencito, más le valía que se dedicase a los negocios de su familia!”, a Breton, René Crevel, etc. También conoció a Luis Buñuel, al que admiraba por su fuerza y su sarcasmo.

Cartier-Bresson, poseedor de un apetito visual difícil de saciar, seguía en la búsqueda de la foto perfecta, definitiva. Lo que no implicaba que tuviese que ser necesariamente de una belleza determinada y creyó que podría encontrarla en España, en 1933, porque consideraba que “España en sí misma es una tierra surrealista, dividida entre el ‘ser’ y el ‘estar’”.

Al año siguiente inauguraría en Nueva York su primera exposición a la par que su primer reportaje en la revista Vu. A partir de entonces, a pesar de que en 1935 quiso dejar la foto para siempre, su actividad sería imparable: se convirtió en ayudante de dirección de Jean Renoir (Buñuel lo rechazó), estuvo como documentalista de cine en la Guerra Civil y se marchó a la India, donde retomó su oficio de reportero y captó a Gandhi en actitud de faquir. El trabajo para revistas y periódicos empezaría a llamar a su puerta, además de trabajar para la Unidad de cine y fotografía del ejército francés. Durante la Segunda Guerra Mundial le detuvieron los alemanes durante 35 meses; tras tres intentos de fuga, escapó de la prisión de Wuttemberg dirigiéndose a París donde trabajó para la Resistencia en 1943. Organizó la filmación y fotografió la Ocupación y la Liberación de París. En 1945 dirigió, para la oficina de información bélica de Estado Unidos, el documental Le retour (El retorno). Volvió a Estados Unidos en 1946, donde conoció y fotografió a numerosos escritores y artistas como William Faulkner, Alfred Stieglitz o Saul Steinberg. Desde Matisse a Giacometti, desde Bonnard a Picasso, Ezra Pound, Stravinski y un largo etcétera y nos legó algunos de los retratos más admirables de todos los tiempos.

En 1947 junto a Capa, Szymin y Rodger funda la Agencia Magnum Photos, convirtiéndose así en uno de los más importantes y destacados reporteros del momento. El padre del foto-reportaje. Fruto de su trabajo son la cobertura del funeral de Gandhi y la Guerra Civil en China, entre otros, además de ser el primer fotógrafo que expone su obra en el museo de Louvre por invitación expresa de éste en el 55.

A mediados de los 70 abandona Magnum para volver fugazmente al dibujo y la pintura (su verdadera vocación desde la infancia), aunque no se desvincula de la fotografía, de la que extrajo su postulado del momento decisivo, tal y como él lo bautizó: "La fotografía es, en un mismo instante, el reconocimiento simultáneo de la significación de un hecho y de la organización rigurosa de las formas, percibidas visualmente, que expresan y significan ese hecho". La captura de ese momento efímero en el que la importancia del tema retratado queda latente en la forma, el contenido y la expresión.

"Para mi la máquina fotográfica es un cuaderno de apuntes, el instrumento de la intuición y de la espontaneidad, el dueño del instante que en términos visuales, a la vez cuestiona y decide."

Henri Cartier-Bresson, El instante decisivo
Su mirada, dotada extraordinariamente para esculpir las imágenes y cargada de técnica pictórica, le favorecía el trabajo a la hora de componer aquello que decidía retratar, volviendo visible lo invisible.

En sus últimos años crea junto a su mujer la Fundación Henri Cartier-Bresson, en la que recopila toda su obra. Muere a los 95 años de edad en Agosto del 2004 en su residencia "Le Claux" al norte de Marsella-Francia.

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