| Paul Klee, el color y la poesía hecha pintura |
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| Escrito por Guillermo López | ||||||||||
| Sábado, 23 de Enero de 2010 16:36 | ||||||||||
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Klee empleó todas las técnicas pintando a ritmo de música, orden y geometría y a los 14 ya dominaba todas las técnicas del dibujo. Tuvo que escoger entre su pasión por la música, los poemas y la pintura, siendo ésta la materialización más sólida que se abre camino en su vida aunque no renunciaría a las otras dos facetas artísticas.
Siempre reflejaba en su cuaderno de notas las impresiones que surcaban su cabeza a medida que trabajaba y sus reflexiones a cerca del arte: “Habrá quienes no reconozcan la verdad de mi espejo. Pero deberán considerar que no estoy para reflejar la superficie (eso lo puede hacer la fotografía), sino que debo penetrar en el interior. Reflejo hasta el corazón. Escribo palabras en la frente y en las comisuras de la boca. Mis rostros humanos son más verdaderos que los originales”.
Según la crítica su trabajo de composición no difiere mucho del de un compositor musical. Se sirvió del sistema de Igor Stravinsky y Bach, Mozart y Haydn eran para él sus ídolos como lo era Goethe en el ámbito de la poesía.
En Munich frecuenta el grupo expresionista Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) del que formaban parte Kandinsky y Macke entre otros. Viaja a Paris y allí conoce a Picasso y Delaunay.
Al viajar a Tunez en 1914 descubre, como lo había hecho antes Matisse con su viaje a Marruecos, el poder de atracción de la luz y el color. Durante los siguientes 20 años, sus pinturas y acuarelas mostraron el dominio de unas armonías cromáticas delicadas y de ensueño, que generalmente usó para crear composiciones sencillas y semiabstractas o incluso efectos que las asemejan a mosaicos. Después de servir durante dos años en el ejército, en el que todavía tiene tiempo para crear algunos dibujos, comienza a vender bien sus obras. Desde 1920 a 1928 fue profesor en la Bauhaus, la escuela de arte que dirigía Walter Gropius en Weimar. Este episodio de su vida comprende la época más brillante del artista. Al nazismo no le hace gracia todo esto (lo califican de autor “degenerado”) y Klee se exilia en Berna. Antes de que la grave enfermedad de la esclerodermia acabe con él en 1939, un año antes de su muerte llega a producir 1.235 obras, casi todas dibujos. En su tumba permanece escrita una parte de su diario: “Dentro de este mundo no se me puede comprender, pues tanto vivo con los muertos como con los no nacidos. Algo más cerca de la creación de lo que es usual y ni con mucho suficientemente cerca.”
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EL SUEÑO DE PAUL KLEE



